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martes, 15 de enero de 2013

Suicidio

Voy a decir algo sobre un tema que a nadie le gusta tratar: el suicidio.

Yo soy muy personalista. Mi filosofía es que cada persona tiene derecho de tomarse su problemas como si fueran el fin del mundo si le da la gana; después de todo, durante toda su vida eso es lo único que van a tener: su vida. Es verdad que podríamos pensar "fulanito está peor que yo"; y eso es cierto, porque siempre hay alguien que está muchísimo peor que uno. El problema es que ésa es la vida de otra persona, y no hay manera de que te sirvan más que de ejemplo, porque tú sólo puedes vivir tus propias experiencias. Una vida, una oportunidad para experimentar, una oportunidad para sentir...una oportunidad para decidir.

Esta es la razón y la contra razón por la que he decidido que tengo sentimientos encontrados con este tema. Según mi filosofía, podría pensar con perfecta justificación que cada cual puede decidir si acabar o no con su vida de acuerdo a si se siente o no capaz de seguir soportándola; porque admitámoslo, el mundo es un asco y la sociedad actual es la peste negra de la humanidad. Sin embargo, las circunstancias me hicieron replantearme qué pensaba yo al respecto; y es que no me parecía nada bonito.

Hace poco supe de un chico que se suicidó. No lo conocía para nada; no sabía cómo era su familia, su vida, sus aspiraciones...absolutamente nada. Simplemente lo admiraba y me parecía una persona maravillosa, simplemente con haberlo saludado una vez y ver la sonrisa con la que respondía a cada persona que se acercaba a felicitarlo por su talento...porque si algo sí sé, es que era sumamente talentoso.

Entonces está que, aunque yo no lo quiera, resulta que soy muy sensible. Cuando me enteré, intenté por todos los medios no sentirme mal, por muy rata que suene, porque sabía que no era un asunto en el que yo tuviera derecho a sentir algo...pero bien, no lo logré. Me ha puesto a pensar mucho.

¿Quién va a negar que alguna vez en su vida pensó en suicidarse, así fuera de broma? Quizás, cuando niños, pensamos en desaparecernos para que nuestros padres se sintieran mal por no prestarnos atención, o (mi caso), para que mis primas se sintieran mal por dejarme a un lado. Cosas de niños. En aquel entonces, la gente alrededor era más bien una causa para pensar ello como una solución, aunque obviamente no lo pensábamos en serio. Es decir, ¿quién no se imaginó alguna vez cómo sería su propio funeral, quiénes llorarían por ti?

Lo complicado es que la respuesta podría sorprenderte. Cuando te das cuenta de quiénes son las personas a las que les importas...¿No se hace eso un motivo para continuar en sus vidas? Si es así, el acabar con tu vida se convertiría en una afección que irremediablemente podría trastornar por completo la de estas personas...digamos, por ejemplo, tu madre, tu mejor amigo, incluso tus profesores.

Mi filosofía es meramente egoísta, personalista, pero tengo una excepción: Las decisiones que tomes sobre tu vida y cómo tomártela son sólo tuyas...siempre y cuando NO hieras a tus seres queridos con ellas. Cuando tomas decisiones adrede, sin importar cómo el daño te hagas a ti mismo afecta a tus seres queridos, eso sí es ser egoísta. Nunca sabrás verdaderamente quiénes son esas personas a las que realmente les interesa protegerte de todo mal, incluso del que te hagas a ti mismo, pero puedes ser consciente de que, siendo este el caso, tú eres importante en sus vidas.

Respeto su decisión, pero no la comparto. Como la estoy respetando, no puedo más que considerar que la persona ha hecho lo que era mejor para sí de acuerdo a lo que sentía, pero como no la comparto también puedo permitirme sentir  un poco de pena por las personas cuyas vidas se vieron afectadas, ésas que de todas formas tienen que continuar viviendo con ello, así que no voy a repartir culpas. 

Mi reflexión final es que para quitarse la vida no sólo se tiene que ser muy valiente. Se tiene que ser muy valiente, al mismo tiempo muy cobarde, y finalmente tener un corazón muy sensible y herido, y un poder de decisión muy firme.

Q.D.P, T.

domingo, 21 de octubre de 2012

Sentimientos.

Me gustaría decirle al mundo cuánto aprecio todo el trabajo que ha hecho en mi vida. Es decir, tengo dos padres maravillosos, una vida estable y soy una persona que no suele decepcionar a los que me han dado algo confiando en mí. Tengo todo para ser feliz, o al menos eso opinaría cualquiera que me vea desde afuera. Debería ser así.

Pero resulta que la gente no ve lo que hay dentro, lo cual, en mi caso, está pudriéndose lentamente. 

Hay muchos que pretenderán degradar nuestros sentimientos, señores, pero sólo nosotros sabemos qué tan grandes son. Por supuesto que a veces exageramos, pero hay maneras muy sencillas de saber si lo estamos haciendo o no: Sólo imagínate cómo sería tu vida si se acabara eso. ¿Muchísimo mejor, no? Entonces nos entendemos. 

Que nadie nos diga qué deberíamos sentir, porque ellos sólo ven lo que tenemos alrededor. Ellos ven nuestro status, nuestras notas en la escuela/universidad, nuestras amistades, nuestras oportunidades, nuestras familias...y probablemente tengan razón en que deberíamos sentirnos afortunados, porque nunca hay que olvidar que podríamos estar mucho peor. Sin embargo, con la poca experiencia de vida que tengo, he aprendido que por "pendejos" que sean nuestros sentimientos comparados con los de otros, por el hecho de ser nuestros, son muy importantes. 

Así que tomen un tubo y bateen todas las malas vibras que les envíe la gente que pretende que olviden e ignoren lo que les gritan sus adentros, porque no hay ninguna prisa. Es verdad que en cualquier momento estiramos la pata, pero no por eso hay que desesperarnos. Con calma resuelvan sus asuntos, dense su tiempo, y así en algún momento lograrán sentirse felices y cómodos con las cosas cotidianas de la vida. Tiempo al tiempo.

Y sí, esto me lo estoy intentando decir a mí misma.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Saludo con retardo.

Sé que después de dos entradas, es un poco extraño que me entren ganas de poner algo parecido a una presentación, saludo, o lo que sea, pero soy una persona de impulsos.

¿Por qué esta cosa que simula un intento de blog está en internet? En realidad no lo tengo claro, porque, insisto, soy tan impulsiva que normalmente hago las cosas sin haberlas planeado más que dos minutos antes. Simplemente vi un blog, un montón de redacciones que tenía abandonadas en una carpeta de archivos de word, y me pareció que podía mezclar las dos cosas. Me metí en intenet, busqué una bonita plantilla y empecé a mudar dichos documentos, de los cuales tengo bastantes. 

El asunto es que aquí está esta cosa. Sé que son muy pocas las personas que gustan de leer las opiniones de otros, mucho menos en unas páginas personales. Tampoco es mi intención que alguien me lea. Simplemente soy una de ese montón de personas que quiere expresarse, ser escuchada y, de ser posible, obtener una respuesta a todas esas preguntas que nos solemos hacer cuando somos jóvenes. 

Mi nombre es Dayana y este es mi blog. Cualquier parecido con la realidad no es más que mera coincidencia. 

Malentendidos.


Son esas cosas oscuras y desastrosas que han creado todos y cada uno de los problemas de la raza humana. Son el resultado inmediato de la falta de comunicación, y de las pocas ganas de escuchar que la gente tiene. Son esas cosas monstruosas que yo odio, lo que más detesto en el mundo.

Son, en escencia, la base para que se creen desacuerdos entre nosotros mismos. 

Poca comunicación, orgullo, porfiadez y no darse cuenta de las verdaderas razones para hacer lo que haces, son cosas que van de la mano para crear el caos. Un poco de desorden en las prioridades nunca falta, además. 

Y es que los malentendidos se crean cuando las personas están tan encerradas en su propia visión de las cosas, que no quieren escuchar la de los demás. En realidad, esto es sólo una manera de no sobrecargar su cerebro con varias ideas, y no esforzarse explorándolas. 

Otro punto de vista de los malentendidos son los que callan. Los que callan por remordimientos, los que callan por miedo, los que callan por pereza. Son esos comentarios no dichos los que son sustituidos con una idea equivocada. Son aquellas cosas que, al otro no saber si son o no son, tiene que imaginarse una realidad sobre tus sentimientos que no necesariamente es la correcta, pero es la más realista para aquella persona. 

En conclusión: las cosas que se callan son a veces más peligrosas que las que se dicen, porque fácilmente se puede poner otra idea donde está el espacio vacío que deja lo que no se expresó. 
Con la tecnología de Blogger.

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