Me gustaría decirle al mundo cuánto aprecio todo el trabajo que ha hecho en mi vida. Es decir, tengo dos padres maravillosos, una vida estable y soy una persona que no suele decepcionar a los que me han dado algo confiando en mí. Tengo todo para ser feliz, o al menos eso opinaría cualquiera que me vea desde afuera. Debería ser así.
Pero resulta que la gente no ve lo que hay dentro, lo cual, en mi caso, está pudriéndose lentamente.
Hay muchos que pretenderán degradar nuestros sentimientos, señores, pero sólo nosotros sabemos qué tan grandes son. Por supuesto que a veces exageramos, pero hay maneras muy sencillas de saber si lo estamos haciendo o no: Sólo imagínate cómo sería tu vida si se acabara eso. ¿Muchísimo mejor, no? Entonces nos entendemos.
Que nadie nos diga qué deberíamos sentir, porque ellos sólo ven lo que tenemos alrededor. Ellos ven nuestro status, nuestras notas en la escuela/universidad, nuestras amistades, nuestras oportunidades, nuestras familias...y probablemente tengan razón en que deberíamos sentirnos afortunados, porque nunca hay que olvidar que podríamos estar mucho peor. Sin embargo, con la poca experiencia de vida que tengo, he aprendido que por "pendejos" que sean nuestros sentimientos comparados con los de otros, por el hecho de ser nuestros, son muy importantes.
Así que tomen un tubo y bateen todas las malas vibras que les envíe la gente que pretende que olviden e ignoren lo que les gritan sus adentros, porque no hay ninguna prisa. Es verdad que en cualquier momento estiramos la pata, pero no por eso hay que desesperarnos. Con calma resuelvan sus asuntos, dense su tiempo, y así en algún momento lograrán sentirse felices y cómodos con las cosas cotidianas de la vida. Tiempo al tiempo.
Y sí, esto me lo estoy intentando decir a mí misma.
